Cuando los domingos dejaron de ser un aborto de melancolía y aburrimiento, de degradados de grises, se tornaron luminosos y victoriosos. Fueron días brillantes, azules y a veces ventosos. Ahora, me pregunto si se habrán perdido por el camino; como cuando creo que el correo nunca llegará a este rinconcito perdido del mundo. Pero finalmente, el correo siempre llega.
Y aún no sé si esos domingos brillantes, azules y a veces ventosos, llegarán.
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